Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora
Luces de Bohemia, publicada en la revista España por entregas, cuya versión definitiva se editó en 1924, es decir ahora 100 años.
Nunca más que ahora, vino tan adrede este género creado por Valle-Inclán que hace alusión a la vida trágica y grotesca de la sociedad española. Esa deformación de espejos cóncavos que reflejan personajes irreales, distorsionados e incluso animalizados, que nos confunden y nos hacen dudar si lo que tenemos delante es una imagen deformada o una deformada realidad.
¿Sería el congreso de los Diputados el nuevo escenario para las obras de Valle-Inclán? Un salón circular, pero sin espejos, donde los diputados oscilan sus cuerpos de un lado a otro, se deforman mientras cogen aire que les ayude a alzar más si cabe la voz del contrario, y sus cuellos se hinchan como globos enrojecidos a punto de estallar.
Si Valle-Inclán, hubiese nacido en nuestros tiempos, hubiese tenido fácil materializar este género literario, y hacerle transcender de manera natural y nada forzada solo con verbalizar todo lo que nos lanza el televisor.
También Luis García Berlanga, uno de nuestros cineastas más reconocidos, cronista de la vida y su particular manera de ironizar y describir la realidad, retratista de nuestro país y orden político, hubiese sacado un gran partido a la guasa con la que nos ha tocado convivir gracias a nuestros gobernantes que hacen de la vida política un continuo teatro o un comic de pitorreo y burlesca existencia.
Algún cineasta que en su ausencia se anime a plasmar en la gran pantalla la adaptación de Todos a la cárcel, aprovechando el elenco de imputados, abusadores, corruptos, defraudadores de la vida socio política actual. Esos chapuceros caraduras que creen que pueden engañar a los tontos votantes. Saldría un gran guion, de lo más entretenido, fiel a su estilo, que haría las delicias de los espectadores, votantes y ciudadanos, sobrepasados por el día a día de la política, que hoy más que nunca supera con creces a la ficción. El Congreso transformado en plató y los propios parlamentarios los protagonistas reales de la película.
Y ya puestos a hablar de los esperpentos, podríamos seguir con temas como la inmigración. Nuevamente la política de por medio y su gran habilidad para DES-gestionar. Grandes ideas de grandes dirigentes como crear campos de refugiados por no llamarlos de otra manera, donde aislarlos, señalarlos, justo lo que esta gente necesita para poder encontrar su lugar en el mundo.
Políticas migratorias endurecidas para problemas de difícil solución. Un camino arduo que acaba por darles de lado y esconderles por ser una molestia.
Habría que poner un anuncio en la prensa on line: Se buscan políticos con ganas realmente de cambiar el mundo, con vocación por mejorar la sociedad. Se necesitan políticos que sepan remangarse, hacer planes de viabilidad y ya de paso tirarse al barro de la inmigración, y profundizar en un problema que requiere soluciones.
Alguien que sepa casar y hacer matching entre las necesidades de un Estado y las de gente que busca un lugar en la vida. Hartos de escuchar en los países desarrollados las dificultades para recolocar a determinados trabajadores, como camareros, transportistas, obreros de la construcción, carpinteros, fontaneros, electricistas, mozos, conductores, ayudantes de cocina, personal de limpieza, camareros de pisos, de hoteles.
Colaboraciones de los Estados con empresas privadas donde se eliminen las burocracias innecesarias y las leyes disuasorias que permitan la colaboración y creación de oportunidades.
Se busca gente con ganas de cambiar el mundo, que salga de su zona de confort, productiva y resolutiva, que diseñen soluciones reales y viables. Gente que, seguro que ya existe, pero se ha ido chocando con uno, dos, tres o infinitos muros.
La inmigración es un problema que se ha hecho bola, y crece como la nieve que rueda cuesta abajo. No solo Europa, el mundo entero debe prestar atención a esta deshumanizada situación que habla de vidas desarraigadas, rotas, desesperadas, nómadas en busca de un lugar donde vivir dignamente.
Se requiere de cumbres europeas o mundiales, que saquen adelante planes obligatorios de actuación para todos los países, que conlleven creación de viviendas, repoblación de zonas abandonadas, creación de mano de obra, y la integración de aquellos que quieren trabajar y encontrar una vida mejor.
Así mi admirado Joan Manuel Serrat apunta en su discurso de los Premios Princesa Asturias 2024 que «no le gusta el mundo en que vivimos, hostil, contaminado e insolidario donde los valores democráticos y morales han sido sustituidos por la avidez del mercado, donde todo tiene un precio…» Quizás hablaba del problema de la inmigración, las guerras, las diferencias sociales, las faltas de oportunidades, la supremacía de los que siempre estuvieron arriba y las dificultades de los que siempre estuvieron abajo.

Y como Michael Ignatieff, aprovecho para apuntar el gran poder de la libertad, «en un mundo saturado de manipulación y mentiras. Sin embargo, poder llamarnos libres y merecerlo realmente es el premio que más importa en la vida». Quizás hablaba de la libertad del artista, del creador, del escritor, del periodista, ser libre es no casarse con nadie, es poder tener juicio propio, es poder contar lo que ves con tus ojos y no los de los demás, es expresar con palabras exactamente lo que has querido decir y no lo que quieren oír, o te obligan a decir, es la manera de comunicar sin miedo a represalias.
Que a pesar de la brillante gala, y hablando de no tener miedo a decir lo que pasa por la cabeza de uno, tengo que confesar que no he podido evitar que mis pensamientos volaran mientras seguía la gala, mientras veía a la familia real, los reyes y sus hijas, y pensar en que estarían a su vez pensando sus primos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, al ver allí a sus primas ocupando el lugar que por orden natural le hubiese correspondido a ellos y a su madre, de no ser por una ley desfasada y machista que reconoce como único sucesor al hijo varón.
Ya lo sé, como se me pueden ir los pensamientos a tan superfluas reflexiones. Yo tampoco lo entiendo. Pero por un momento he palpado la doble injusticia de una ley que por un lado permite heredar derechos cuasi divinos y por otro solo a favor exclusivamente del varón.
Esto casi empaña mi atención a tan disfrutable y distendido evento, salvo por la recia postura de la reina, que solo observarla te provoca contractura. Pero he conseguido volver de mis elucubraciones sin sentido, para escuchar a los premiados por sus méritos propios que como Serrat pueden expresar «En el camino azaroso fui encontrando las razones para seguir adelante y con el impulso de los sueños llegué hasta aquí». Frase que en este caso y salvo improvisados cambios hereditarios, ni Froilán ni Victoria Federica, podrán llegar hasta allí, a pesar de que lo sueñen.