ME ESTÁ TAPANDO EL SOL

Picture of Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

El dos de abril. Esa es la fecha que el nuevo colonialista americano ha decidido llamar como el «Día de la liberación». Con ello, el actual presidente americano Donald Trump pretende simbolizar el cambio drástico en la política económica americana. Su estandarte, la implementación de aranceles a la mayoría de los países que pretendan vender sus productos en el interior de las fronteras americanas.

Este proteccionismo económico ha hecho tambalear el tablero mundial de transacciones comerciales hasta el punto de poner todo patas arriba y de erosionar los pilares de las grandes bolsas.

La mayoría de los presidentes cuyos países se han visto afectados levantan la voz en público diciendo que tomarán represalias, o de manera más matizada, que igualmente tomarán medidas, pero dejando la puerta abierta a la negociación con el gigante americano. Europa, esa viuda histérica, tal como la definió Putin, parece que va a ser la más afectada al haberse decidido cerrar, por parte de la administración Trump, el paraguas económico bajo el que se cobijaban.

América. Fotografía de Kaboompics
América. Fotografía de Kaboompics

Nadie se libra de los palazos dados a diestro y siniestro por parte del elegido a quién Dios salvó de caer desplomado en mitad de un mitin, y tan solo dejó la señal inequívoca de lo sucedido en su oreja medio tapada por el final de su flequillo. Ni tan siquiera Lesoto, un país olvidado en el corazón de África, al que Trump ha decidido meterle unos aranceles del 50%. ¿Y que es lo que exporta Lesoto hacia las tierras norteamericanas? Pues nada más y nada menos que diamantes, con lo que los ricos de Hollywood pueden ir rascándose el bolsillo si desean adquirir sus admiradas joyas en las tiendas de Tiffany.

El caso es que todos y cada uno de los presidentes de las distintas naciones mundiales se han echado a temblar como consecuencia de esa pizarra que Trump expuso en su aclamado Dia de la Liberación con enormes banderas de barras y estrellas a sus espaldas.

Todos los presidentes de los distintos países menos uno. A ese, con su porte estirada, e incluso altiva le ha traído sin cuidado lo que Trump haga o deshaga. Que le ha puesto un arancel del 10%, se la trae al pairo. Como si se lo hubiera puesto del 200%. No le tiene ningún miedo ni ningún respeto. Y, además, ante esa insolente posición, se ha visto respaldado por su ciudadanía como nadie, en ningún otro país.

Con su desplante, ha dejado entredicho ese afán avariento del presidente norteamericano. El egoísmo, el materialismo e incluso el odio que mueve su política no son mas que muestras del fracaso de un niño consentido, regordete y estúpido que se siente con el poder de un emperador al estilo de Nerón. Un tipo que sale al balcón para tocar su lira mientras observa como arde toda Roma.

Para este presidente, el del insignificante país, los verdaderos valores de la vida son los que en su momento predicaran Séneca y los estoicos. El enriquecimiento interior gracias a la sensatez y la vida sencilla. Lejos de esa megalomanía y esas ambiciones opíparas que mueven el mundo hoy día. Le trae sin cuidado este mundo enfermizo, violento, agresivo, crispado, y su ciudadanía se lo agradece. Todos y cada uno de sus ciudadanos prefieren pasear tranquilamente bajo el sol tenue, disfrutar de los paisajes de sus tierras y conservar la salud mental, distantes a un mundo enloquecido que deriva en un índice de suicidios alarmantes.

Puede que todos los imperialistas de nuevo mundo consideren a estos ciudadanos como bobos o torpes por no querer entrar en esa rueda giratoria enloquecedora y en ese individualismo competitivo cuyo único fin es pisotear al contrario. Ellos han tomado los valores de los antiguos. De Epicteto y de Marco Antonio, y aún dando un gran valor a la individualidad de la persona, consideran que esta debe estar enfocada siempre al bien común. Por eso viven en colonias de hogares sencillos y se protegen unos a otros a sabiendas de que «el emperador» que les gobierna mira siempre por el beneficio social. La inteligencia consiste en usar la razón con generosidad y con vistas al bien común, dijo Séneca.

Nada tiene que ver su cultura con el desequilibrio emocional en el que nos ha sumido la era de las nuevas tecnologías, de las redes sociales, que no son otra cosa que fuentes de infelicidad y estupidez. Ellos prefieren vivir en consonancia con la naturaleza. Porque somos parte de ella y por tanto es la única manera de alcanzar la felicidad. Como dijo Aristóteles los bienes materiales no bastan, son infinitamente más importantes, para una vida feliz, los espirituales.

Pinguinos
Pingüinos

Puede que nuestro querido e idolatrado Trump haya perdido la cabeza por su reverencia hacia el dinero y el poder. Puede que agite, espasmódicamente, la bandera de las barras y estrellas hacia un nuevo colonialismo. Y puede que lo último que le importe sea la justicia social y la ética, dando prioridad a la invasión de las tierras raras, a repartirse las fronteras de una Ucrania agónica con su amigo Putin, o a edificar su nuevo resort sobre los huesos de miles de muertos en un deliberado genocidio. Al fin y al cabo, no dejará de ser un infeliz. Un avariento que nunca tendrá suficiente.

Al margen de su codicia, en un pequeño resquicio del planeta, aún queda quien es capaz de deshonrarle y desprestigiarle con su indiferencia. No ha sucumbido a esa ola de miedo y terror de los demás dirigentes de los distintos países mundiales. Trump ha decidido ponerle un arancel del 10%, como si se lo pone del 500%. Allá él con sus afanes tiránicos.

Estoy completamente seguro de que los ciudadanos de este territorio australiano cercano a la Antártida, conocido como las islas Heard y McDonald, no esperarán jamás la visita de tan egregio presidente de los EE. UU para negociar la tasa de aranceles. En el hipotético caso de que eso ocurriera, estoy convencido de que acaecería algo parecido a lo que sucedió cuando el gran Alejandro Magno, después de conquistar el mundo, se acercó a Diógenes el cínico, y en una pretensión de mostrar su magnificencia todopoderosa le dijo: «Pídeme lo que quieras», a lo que el filósofo le contestó: «Sí. Apártese, me está tapando el Sol».

 

 

lo último del blog...

Mis libros...

Suscríbete

Para ello solo debes dejar tu nombre y tu correo, prometo no enviar correos molestos, solo os informaré de mis nuevos videos, libros, entrevistas, etc.